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Podar con coherencia para cosechar mejores frutos

La Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030, resultado de un acuerdo entre diversos actores, es la mejor propuesta que tenemos para aterrizar la agenda global. Si bien necesita elevar la ambición de sus metas

Artículo publicado en elpais.com

Afirmaba Zygmunt Bauman que “en ninguna otra época anterior se había sentido de manera tan acuciante la necesidad de hacer elecciones, de decidir… Bajo la amenaza constante de quedarnos atrás y de ser excluidos del juego sin posibilidad de regresar a él por no haber respondido a las nuevas demandas”. Pareciera que el sabio polaco estaba reflexionando ante la multiplicación de procesos para repensar nuestro país puestos en marcha por el Gobierno.

Con el suflé de programación estratégica al que asistimos, podría entenderse que la política supera el cortoplacismo ante la urgencia de redefinir el modelo de desarrollo. Se podría pensar que estamos cambiando la ruta para llegar a un país más justo y sostenible, que mejore su huella en el mundo. Sin embargo, existe un alto riesgo de solapamiento e incoherencia entre las distintas agendas impulsadas, que disiparía los esfuerzos y la consecución de la necesaria transformación.

El pasado 10 de junio, las direcciones y presidencias de las organizaciones que conformamos Futuro en Común reflexionamos en un Foro Estratégico de Sociedad Civil sobre cómo empujar por una mayor alineación entre la Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y la Estrategia Nacional de Largo Plazo, España2050.

La señal de alarma había sonado semanas atrás cuando, de manera simultánea, el Presidente del Gobierno presentaba los fundamentos de la Estrategia España 2050 ante un público en el que abundaban grandes empresas y entidades financieras mientras que, a menos de un kilómetro de distancia, el Foro Multiactor, con amplia participación de la sociedad civil, discutía sobre la Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030. La aprobación de esta última en Consejo de Ministros pasó desapercibida. Cuando seis años después de la aprobación de los ODS, por fin contamos con una estrategia nacional para la consecución de la Agenda 2030, constatamos que está siendo opacada por otros procesos de planificación y prospectiva a los que el Gobierno está dando mayor visibilidad.

Por ello, se vio la necesidad de tener un momento de reflexión colectiva y hubo total coincidencia en las conclusiones: a pesar de que existen espacios de encuentro entre los tres procesos, se requiere un mayor esfuerzo por definir el país que se quiere construir y el modelo de desarrollo al que toda la acción de Gobierno debe contribuir de manera coherente. Para Futuro en Común, la Agenda 2030, por su carácter integral y universal, es la brújula que debe guiarnos hacia un futuro donde se anteponga a las personas y al planeta, así como para no quedarnos fuera del tablero multilateral.

La Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030, resultado de un acuerdo amplio entre diversos actores, es la mejor propuesta que tenemos para aterrizar la agenda global. Si bien necesita elevar la ambición de sus metas, para responder a los grandes desafíos sociales, ambientales y económicos que identifica, sienta las bases del proyecto de país que nos gustaría construir durante la próxima década. Si los fondos de recuperación europeos se ponen a su servicio, será una oportunidad única.

El actual contexto de polarización política no facilita consensuar los objetivos de largo plazo que necesitamos. En este sentido, la sociedad civil puede jugar un rol determinante y trabajar una pedagogía ciudadana para concienciar sobre los desafíos que enfrentamos, transmitiendo el papel que el desarrollo sostenible debe tener en la construcción de una sociedad más justa, igualitaria, inclusiva, sostenible, solidaria y pacífica.

La falta de alineamiento entre las distintas estrategias podría situarnos en un escenario de vientos cruzados sin un rumbo coherente, abocados a perder una oportunidad única. La Coherencia de Políticas para el Desarrollo Sostenible tiene un ingente potencial para dar respuesta a este desafío. Es la única herramienta capaz de dibujar un horizonte de armonización entre las diferentes acciones del Estado, subordinando todas ellas a un futuro más sostenible.

Hay dos elementos que también son imprescindibles para avanzar con coherencia. La primera es una arquitectura de gobernanza democrática en la que confluyan los distintos procesos de participación de la sociedad civil. La segunda es que haya alineación presupuestaria para asegurar una suficiente financiación de las medidas de transformación a emprender, así como mecanismos de transparencia y rendición de cuentas efectivos.

Nos jugamos mucho. A pesar de los enormes desafíos que enfrentamos, el desarrollo sostenible y la consecución de la Agenda 2030 no son una utopía. Estamos en tiempo de descuento y debemos intensificar y acelerar las actuaciones en esta década, fijando el rumbo hacia el futuro sostenible que queremos y necesitamos. Estamos en un momento histórico, en el que se están planeando transformaciones de alcance que tendrán efectos a largo plazo, y el Gobierno debe estar a la altura, asegurando coherencia y participación de la sociedad civil.

En los viñedos se podan las vides que ya tienen una forma adecuada para que crezcan sanas y den mejores frutos. La sociedad civil seguiremos insistiendo en que hay que podar las estrategias para alinearlas y dar seguimiento a cómo se traslada la necesidad de transformaciones radicales al diseño de políticas y a la ejecución de los Presupuestos Generales del Estado. Nos va el futuro en ello.

Pablo Gómez-Escolar Arias, técnico de incidencia de Cáritas y María González López, directora de Enraíza Derechos, ambos integrantes del grupo motor de Futuro en Común

 

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